MIMIDOTS – EL ORIGEN DE LAS EMOCIONES
En un pequeño barrio lleno de casas de colores y parques donde siempre sopla una brisa suave, vive una niña muy especial llamada Mimidots.
A primera vista parece una niña como cualquier otra, pero quien la conoce
descubre enseguida algo único: sus emociones son tan intensas, tan brillantes y tan sinceras, que parecen tener vida propia.
Mimidots tiene dos moñitos que se mueven ligeramente cuando siente algo fuerte, como si fueran pequeñas antenas. Sus pecas forman constelaciones diminutas sobre sus mejillas. Y siempre lleva un clip verde en el pelo, un regalo de su madre, quien dice que sirve “para mantener sus emociones ordenadas”. Aunque, siendo sinceros…
las emociones de Mimidots nunca están del todo ordenadas.
Desde muy pequeña descubrió que su corazón late muy fuerte frente a las cosas más simples: el olor del pan recién hecho, una canción que suena en la calle, un insecto diminuto que pasa volando, un gesto amable, una sorpresa inesperada.
Todo le mpacta. Todo le emociona.
EL DÍA QUE CAMBIÓ TODO
Un día, mientras jugaba en su parque favorito, Mimidots sintió tantas emociones al mismo tiempo —felicidad, sorpresa, orgullo, timidez, ilusión— que casi explotó de energía.
Fue entonces cuando ocurrió algo increíble.
Al tocar una pequeña lata vacía que había en el suelo, la emoción que sentía en ese preciso instante quedó atrapada dentro, como si el recipiente la hubiera absorbido y guardado. Mimidots se quedó sin palabras.
Probó con otro bote mientras sentía enfado porque una nube había tapado el sol…y el bote se llenó de un brillo rojizo y cálido.
Probó con un tercer bote mientras se sentía feliz… y este se iluminó con un
resplandor amarillo.
Así fue como descubrió su don más especial:
Mimidots podía guardar emociones dentro de pequeños recipientes, como si
fueran tesoros.
Con el tiempo fue llenando muchos más. Su habitación terminó repleta de botes de todos los colores, cada uno con un sentimiento diferente:
- la alegría brillante
- la tristeza suave
- la sorpresa chispeante
- la imaginación luminosa
- el amor cálido
- la timidez azulita
- la valentía naranja
Cada bote representaba un momento, una emoción y una parte de quién era ella.
LA MISIÓN DE MIMIDOTS
Un día, mientras los observaba ordenados en sus estantes Mimidots tuvo un
pensamiento que la hizo sonreír:
“Nadie debería tener miedo de sentir. Todas las emociones son valiosas. Todas
cuentan.”
Ese descubrimiento cambió su vida.
Desde entonces decidió compartir sus emociones con el mundo para enseñar a niños —y también a adultos— que:
Sentir mucho no está mal.
Llorar también es crecer.
Reír hasta que duela la barriga es un regalo.
Enfadarse no te hace malo.
Tener miedo es natural.
Y soñar… siempre está permitido.
Mimidots comprendió que sus emociones no eran un problema: eran un poder.
Y decidió usarlo para ayudar a otros a entender y abrazar las suyas.
EL UNIVERSO DE MIMIDOTS
A medida que crece, Mimidots vive nuevas aventuras y crea botes distintos en
cada etapa de su vida:
En el colegio, donde sus emociones cambian cada dos minutos.
Cuando se disfraza, pues cada traje despierta una emoción nueva.
En los cumpleaños, donde guarda botes llenos de ilusión y fiesta.
En las celebraciones, donde descubre emociones mágicas y cálidas.
En sus sueños, donde nacen emociones que en el mundo real no existen.
Cuando aprende algo nuevo, creando botes de sorpresa, esfuerzo y orgullo.
Incluso cuando se equivoca, llenando botes de frustración que luego se
transforman en aprendizaje.
Su universo sigue creciendo cada día.
Cada nueva experiencia trae consigo una emoción diferente, un nuevo bote, y una nueva oportunidad para aprender.
Y así, la pequeña Mimidots continúa su misión de recordar al mundo que sentir es un regalo a través de productos llenos de emoción, color, diseño y significado.
Y que dentro de cada emoción —por pequeña que sea— siempre hay un tesoro esperando ser descubierto.

MimiDots nace para recordar que sentir es un regalo

